Si solo es agua, ¿dónde está el problema?

En realidad el título del post no es tal, es lo que piensa muchísima gente que abre los grifos de sus casas como si el agua fuera un bien que les pertenece por el solo hecho de que se lo pueden pagar.
Y no me lo invento. Hace unos años, en un verano bastante seco por la zona de Catalunya donde vivo, me dirigí a un vecino que estaba “limpiando” el hermoso patio de su hermosa casa a golpe de manguera, y con la mayor educación le intenté hacer ver que no era momento de malgastar tanta agua. Su respuesta fue esa: “yo me la puedo pagar”. Ahí se resume el narcisismo simplista a través del cual vamos condenando a nuestros descendientes a la miseria.

¿Qué sucederá a partir del 2030 cuando esa escasez que vemos tan lejana nos golpee la espalda? Porque parece ser que seguimos sin darnos cuenta de que el problema del agua no es que podamos pagárnosla o no, es que la sed, cuando llegue, nos afectara a casi todos. Y hago el matiz del “casi” porque algo de lo que no nos estamos dando cuenta, es de que las diferencia sociales que cada día abren una brecha más grande entre ricos y pobres, no se producen porque esos nuevos y viejos ricos deseen tener mejores coches, barcos, casas y vicios; no, ellos atesoran dinero porque se están preparando para el día en el que deban mantener a raya a los miles de millones de pobres que no tendrán acceso al agua limpia.
¿Cuantos de esos que dicen ahora “Yo me la puedo pagar” podrán dar de beber a sus hijos y nietos cuando el agua solo sea accesible a una minoría? Ya os aseguro que serán bien pocos, el resto nos moriremos de sed.
A no ser, claro está, que optemos por la solidaridad y la cooperación entre todos nosotros. Cualidades muy necesarias a la hora de luchar, del modo que sea (a poder ser pacífico), contra multinacionales que están comprando las fuentes del mundo: Nestle, pepsico, cocacola…; contra los políticos corruptos que venderán la vida de millones de personas a cambio de unos sorbos y contra la ignorancia supina de los que abren los grifos de sus casas para malgastar uno de los bienes más preciados que estamos destruyendo.
Hoy, desde nuestro lindo caparazón, toda esa miseria que nos envuelve parece lejana, tan absortos estamos mirándonos nuestros divinos ombligos, pero el 2030 y siguientes están agazapado apenas dos calles más allá. Y por mucho que corramos, o a nosotros o a nuestra descendencia, les van a golpear en la boca del hambre y de la sed

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